La aprobación por parte del estado de San Francisco (EE.UU.) de la prohibición de ofrecer juguetes respecto de productos alimenticios que no cumplan con ciertos requisitos de “buena nutrición” ha dado la vuelta al mundo.
Esta medida dirigida a desincentivar que los niños consuman cierto tipo de comida (fast food) parte de premisas que no podemos dejar de discutir cuando menos: (i) la alimentación a base de fast food es la principal fuente de obesidad en los niños (estudios indican que hay un rol preponderante en el ejercicio por encima de la alimentación y que no hay un vínculo directo entre la obesidad y la alimentación de los niños con fast food), (ii) los niños consumen fast food principalmente por los juguetes que se ofrecen junto a ellos; y, (iii) principalmente, los padres – quienes deciden lo que comen sus hijos – no están en capacidad de decidir libremente qué alimentos comprarles y se ven coaccionados a consumir fast food debido a su asociación con los juguetes que ofrecen.
¿Es deseable una mejor alimentación de los niños? Sin duda. ¿Cómo se logra este objetivo? Parece que algunas personas y funcionarios creen que es preferible prohibir la oferta antes que educar a quienes demandan estos productos.
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