La reducción paulatina de los aranceles a la importación de diversos productos es siempre una buena noticia para los consumidores peruanos.
Especialmente en productos donde no existe industria nacional, como es el caso de la industria automotriz, se ponen de manifiesto los beneficios de la reducción arancelaria: mayor oferta (nuevas marcas, modelos y en mayor número), de mayor calidad (un parque automotor nuevo superior) y a un menor precio (aspecto en el que también contribuyen los tratados de libre comercio).
La reducción de aranceles toma mayor sentido cuando existe una carga impositiva fuerte (IGV, ISC), que por sí sola podría desincentivar la importación de productos. Y la recaudación fiscal no debe ser una preocupación: A menos aranceles, mayores transacciones que deberán pagar los tributos de ley. Todos contentos.
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